Organo de la catedral de Jaén - Jaen escondido

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El órgano de la catedral de Jaén

Gran órgano

Bajo proyecto del organero del obispado de Cádiz, José García, se fabrica la caja para el órgano con la colaboración de Manuel López, maestro tallista jiennense, para acoger el órgano cuya construcción iniciara Fernando Antonio de Madrid en 1786.

Este órgano estaba compuesto por 3600 tubos (incluidos algunos de adorno o canónigos) distribuidos en tres órganos distintos (principal, cadereta y ecos) albergados en la única caja que hoy se conserva, con los cuales se obtenía una gran variedad de registros y mixturas, todos ellos los propios del siglo XVIII. Cada órgano tenía su teclado de registro partido, estando dispuestos los tres a diferentes alturas de forma que podían ser ejecutados por el mismo organista, según su necesidad. Dispondría de un sistema de selección de registros accionado con las rodillas y con los pies, y lengüetería en ambas fachadas y en el interior. Sería inaugurado el 11 de Junio de 1789, dia del Corpus.
Se restauraría en 1830.

En 1926 se transforma y se suprime la trompetería horizontal que fue en forma de Ave María (W) de tres o cuatro filas, en un intento de modernizarlo. Quedan dos órganos (principal y cadereta) con su teclado cada uno y se le incorpora un pedalier. Algunos registros del anterior órgano de ecos pasan al de cadereta. Los tubos quedan reducidos a 1400 pero se enriquecen sus efectos sonoros gracias a las nuevas posibilidades incorporadas. Aunque desaparecen algunos registros se añaden otros nuevos más novedosos, como son los de corte romántico.
Esta transformación sería obra de la casa Eleizgaray y Cía.

Durante la Guerra Civil, el órgano es descompuesto y sus tubos son empleados para otros fines, dedicándose los de mayor envergadura para simular defensas antiaéreas, dispuestos en las torres de la catedral y en el castillo de Santa Catalina. En esta corta existencia estuvo como organista José Mª Ruiz.

En 1943 el órgano es nuevamente reconstruido por necesidad, quedando con secretos neumáticos y también dos órganos (principal y recitativo) con una consola compuesta de dos teclados y un pedalier.
Esta recuperación la realizaría la casa Amezua y Cía.

Posteriormente es obligada una nueva reforma, la cual es realizada en 1986 por la casa Orgamusik, en la cual se le incorpora un nuevo sistema de transmisión electrica del teclado, manteniendose el sistema neumático sobre los secretos.
Se destaca la adición de una nueva consola situada abajo, en el coro, pudiendo ser ejecutado el órgano por cualquiera de las dos consolas.

La caja barroca comprende cinco castillos en cada una de sus fachadas (coro y nave lateral del Evangelio) y uno en cada uno de sus lados, acabados los castillos-torreón en unos capulines y coronados éstos por grandes ángeles trompetistas. Otros ángeles músicos, de menor tamaño, se distribuyen también sobre la parte superior de la caja.

Dentro de la misma caja se encuentran dos fuelles, existiendo otro más en una dependencia bajo la misma, los cuales son actualmente insuflados por una silenciosa motobomba.

Con anterioridad a los dos órganos que se conservan actualmente, debieron existir otros, pues en los Estatutos de 1478 de la catedral se menciona la obligación de tocar el órgano. Además, en el inventario de 1518 aparecen recogidos unos órganos grandes a ambos lados del coro y otros pequeños, más los que serían construidos por Juan Pérez de Sanforte, Jorge de Mendoza, Juan González de Usagre, Fray Jaime Begoños y Sebastian Alejo.

Exterior de la caja y elementos decorativos
Interior de la caja y detalles técnicos

Organo realejo

El órgano positivo o realejo, construido por fray Juan de la Cruz en 1679, también fue desarmado en 1936, manteniendo solamente su caja, fuelle, el secreto y algunos elementos. Según los detalles que de él aún se aprecian y se conservan podemos tan solo decir que su caja sería de estilo barroco, componiéndose de tres castillos y que contaba con registros unísonos y mixturas. Tuvo una lengüetería horizontal en punta de lanza de dos filas y veintiún caños cada una. También mantiene los huecos donde se localizaban los tiradores para la selección de los diferentes registros que poseía, de los cuales se conservan, aunque en mal estado, unas etiquetas del siglo XVIII con los nombres de los mismos.
Como algo curioso, se puede apreciar una inscripción interior realizada por un organero que realizó una intervención sobre él, la cual quedó al descubierto tras el grave expolio sufrido. Otras inscripciones con nombres de seises y otras, numerosas e irrelevantes, aparecen en su deteriorada caja.




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